Pr¨®logo
El presente estudio intenta presentar an¨¢lisis de las novelas colombianas m¨¢s
destacables de la d¨¦cada de los setenta. Al mismo tiempo se espera dar una visi¨®n
en conjunto de la novela colombiana durante ese per¨ªodo. Se ha escogido una
novela clave para cada a?o del decenio para someterla a un comentario anal¨ªtico,
seguido por comentarios breves sobre las otras novelas del mismo a?o. Esta organizaci¨®n,
como todas, tiene sus ventajas y desventajas. Escoger obras principales me ha
permitido analaizar detenidamente la escritura de los novelistas que son, a
mi juicio, los mejores que ofrece Colombia en el momento actual. Todos ellos,
con la excepci¨®n de dos, han publicado m¨¢s de una novela de valor. Una excpeci¨®n
es Andr¨¦s Caicedo, que muri¨® en 1977, poco despu¨¦s de haber mostrado notables
dotes como escritor con la publicaci¨®n de su primera novela. Su novela me ha
parecido tan importante, por varias razones que se explican en el estudio, que
la he escogido como representante del a?o 1977, en lugar de obras de novelistas
algo m¨¢s establecidos como Gustavo Alvares Gardeaz¨¢bal y Alberto Duque L¨®pez.
En 1979 he abogado por la primera de Plinio Apuleyo Mendoza por ser, a mi modo
de ver, la mejor novela del a?o, un juicio que comparti¨® el resto del jurado
del Premio de Novela Plaza & Jan¨¦s en el que particip¨¦ en 1979. Hay que
notar tambi¨¦n que, a pesar de ser su primera novela, Mendoza no es precisamente
un novato, es un escritor ya maduro de curenta y ocho a?os que contaba ya con
un volumen de cuentos bastante antes de la publicaci¨®n de la novela. En cuanto
a la visi¨®n en conjunto de la d¨¦cada, se ofrecen observaciones breves sobre
unas cuarenta y nueve novelas en total. Quisiera afirmar que no las considero
de ning¨²n modo obras "menores". Al contrario, varias de ellas son
comparables a las novelas escogidas como claves en cuanto a su calidad, y las
considero en algunos casos de m¨¦rito literario igual al de lo mejor de la novela
hispanoamericana en general. Son novelas dignas de ser le¨ªdas por cualquier
lector interesado en la ficci¨®n contempor¨¢nea, aunque algunas de ellas, por
razones de tem¨¢tica o contextos hist¨®rico-culturales, ser¨¢n de poco inter¨¦s
fuera de Colombia. Todas ellas merecen m¨¢s atenci¨®n cr¨ªtica de la que han recibido
hasta ahora, con la posible excepci¨®n de Garc¨ªa M¨¢rquez. Se debe aclarar que
estas observaciones y enjuiciamientos acerca de los autores de la d¨¦cada se
refieren exclusivamente a su trabajo como novelistas. Es importante notar, por
ejemplo, que escritores como Dar¨ªo Ruiz G¨®mez y Oscar Collazos (que en los otros
g¨¦nero se ha destacado en todo el mundo hisp¨¢nico), entre otros, evidentemente
ocupar¨ªan posiciones diferentes en un estudio que no se limitar¨ªa exclusivamente
al g¨¦nero de la novela.
El n¨²mero de estudios que van public¨¢ndose sobre la novela colombiana difiere
notablemente del presente, tanto en su enfoque como en metodolog¨ªa. La narrativa
actual de Colombia y su contexto social de Rom¨¢n L¨®peza Tam¨¦s formula conclusiones
acerca de la soledad como parte de la sicolog¨ªa nacional, la naturaleza de la
¨¦poca de La Violencia, y el papel de la Iglesia en la sociedad colombiana. El
enfoque de Escritos sobre literatura colombiana de Luis Iv¨¢n Bedoya M. es m¨¢s
general que el presente estudio; Bedoya comenta la literatura colombiana de
todos los g¨¦neros desde Mar¨ªa. En Sesenta minutos de novela en Colombia de Uriel
Ospina, se trata m¨¢s bien del anticuado impresionismo cr¨ªtico. Un libro de innegable
valor, y absoultamente imprescindible para el estudio de la novela colombiana
es La novela colombiana: planetas y sat¨¦lites de Seymour Menton. Menton ha concebido
este libro, no obstante, de un modo del todo opuesto al libro que se propone
aqu¨ª. La distinci¨®n entre "planetas" -obras que el considera b¨¢sicamente
como cl¨¢sicas- y "sat¨¦lites" - novelas de "menor magnitud"-
crea para m¨ª varios problemas. Puede preguntarse primero si el concepto de obras
cl¨¢sicas -que perduran a trav¨¦s de los siglos- sirve para la literatura moderna.,
desde los escritos vanguardistas de los a?os veinte, es rechazar cualquier necesidad
por crear una literatura perdurable. En este estudio me interesa principalmente
la experiencia que las novelas en cuesti¨®n pueden crear para el lector de hoy;
la pregunta de hasta qu¨¦ punto pueden ser novelas v¨¢lidas en siglos futuros
es tal vez interesante, pero fuera del enfoque de este trabajo. Hay otras discrepancias
m¨¢s bien menores entre las observaciones de Menton y las de este estudio; ser¨¢n
evidentes con la lectura de los dos libros.
Son cada d¨ªa m¨¢s necesarias las clarificaciones acerca de terminolog¨ªa y las
suposiciones te¨®ricas. Me parece desafortunado el t¨¦rmino "cr¨ªtica"
para definir el trabajo que hace el lector profesional de literatura. La palabra
"cr¨ªtica" en s¨ª implica ciertas connotaciones negativas. Por eso prefiero
el t¨¦rmino "analista" a "cr¨ªtico"; el trabajo principal
es dar an¨¢lisis que puedan agregar algo a la lectura ya la apreciaci¨®n de novelas.
He intentado evitar el tipo de comentario que algunas consideran, desgraciadamente,
como obligatorio del "cr¨ªtico" literario: (1) no busco "influencias",
aunque a veces noto puntos de contacto que pueden revelar contantes en el desarrollo
de la novela colombiana; (2) no busco "s¨ªmbolos"; aunque me interesan
todos los niveles de comunicaci¨®n del texto, incluso el nivel metaf¨®rico; (3)
no ofrezco recetas, es decir, intento resistir la tentacio¨®n de explicarles
a los novelistas c¨®mo deben escribir. Se ha hecho un esfuerzo por evitar la
terminolog¨ªa t¨¦cnica que pudiera estorbar la lectura para el lector no-especialista.
Cuando se han empleado algunos t¨¦rminos t¨¦cnicos (de Gennette, Ong, Barthes,
entre otros) se los ha definido con notas de pie de p¨¢gina. Dos conceptos importantes
en este estudio, experiencia y dinamismo, se basan en el uso que hace de ellos
John S. Brushwood en The Spanish American Novel. Experiencia se refiere al proceso
de llegar a ser de una novela. Una novela es una experiencia para su lector
tal como un amanecer es una experiencia para su observador. (Wolfang Iser emplea
un t¨¦rmino paralelo cuando habla del acto de "realizar" una obra.
The Acto of Reading, Baltimore: John Hopkins Press, 1978.) El dinamismo es el
factor que vitaliza, y tal vez revitaliza, esta experiencia. Sostiene el proceso
de cambio en una novela. Finalmente, ha que recordar que el t¨¦rmino "punto
de vista" no se emplea en el sentido com¨²n y corriente de la palabra (una
"opini¨®n) sino que se refiere al flitro por el cual se comunica la informaci¨®n
narrativa, en primera, Segunda o tercera persona.
Creo que este libro naci¨® en 1973, cuando, siendo estudiante graduado de literatura
hispanoamericana en la Universidad de Kansas, un vecino (colombiano, claro)
me habl¨® de algunos j¨®venes escritores colombianos. Desde entonces vinieron
a?os de lecturas, aprendizaje y publicaciones iniciales. He ido recogiendo ideas
de maestros, colegas y alumnos. Me gustar¨ªa nombrar todas esas personas, pero
ser¨ªa una lista muy larga. (Adem¨¢s del problema de la falta de datos exactos,
nunca supe c¨®mo se llamaba ese vecino tan amable y bien le¨ªdo.) Agradezco a
la Comisi¨®n Fulbright de Colombia y a su director, doctor Francisco Gnecco Calvo,
porque el a?o de residencia e investigaciones en Colombia fue imprescindible
por razones obvias. Tres personas que han comentado mi trabajo sobre la novela
colombiana en distintas etapad de su desarrollo fueron John S. Brushwood, Raymond
D. Souza y Michael Doudoroff. Para un extranjero como yo ha sido especialmente
grato conocer y aprender de algunos de los novelistas colombianos mismos, en
distintos modos -entrevistas, cartas, simposios, etc.: Marco Tulio Aguilera
Garramu?o, Laureano Alba, Gustavo Alvarez Gardeaz¨¢bal, Albaluc¨ªa Angel, Fanny
Buitrago, N¨¦stor Gustavo D¨ªaz, Gabriel Garc¨ªa M¨¢rquez, Manuel Mej¨ªa Vallejo,
Plinio Apuleyo Mendoza, Augusto Pinilla, H¨¦ctor Rojas Herazo, Flor Romero de
Nobra, Dar¨ªo Ruiz G¨®mez, H¨¦ctor S¨¢nchez, David S¨¢nchez Juliao. Benbur S¨¢nchez
Su¨¢rez, Fernando Soto Aparicio y Manuel Zapata Olivella Doy gracias especial
a una colombiana gnerosa cuya labor eficaz en este manuscrito me ha resuelto
innumerables problemas, Luc¨ªa Garavito. Todas esas personas, y otras no nombradas,
contribuyeron a lo que aqu¨ª ofresco, pero la exposici¨®n es m¨ªa, como m¨ªos ser¨¢n
los errores que en ella se encuentran.